Capítulo 11: Personalidad
Repaso del capítulo


Personalidad

Desde el nacimiento de la psicología, los psicólogos han tratado de definir los pensamientos, los sentimientos y las conductas típicas que persisten a lo largo del tiempo y que distinguen a un individuo de otro. La personalidad es el sello psicológico exclusivo de cada uno; caracteriza nuestro patrón individual de pensamientos, sentimientos y conductas.

TEORÍAS PSICODINÁMICAS

Según las teorías psicodinámicas de la personalidad, la conducta es el resultado de la dinámica psíquica dentro del individuo. A menudo, son procesos de los cuales no estamos conscientes.

Sigmund Freud


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Para Freud, el fundador del psicoanálisis, la personalidad está enraizada en la dinámica del inconsciente,es decir, de todas las ideas, pensamientos y sentimientos de los que normalmente no tenemos conciencia. Freud consideraba los instintos sexuales y agresivos como las pulsiones primarias del inconsciente que rigen la conducta humana.

De acuerdo con él, la personalidad consta de tres estructuras. El id, la única estructura presente al momento de nacer, opera en el inconsciente según el principio del placer: trata de procurarse satisfacción inmediata y evitar el dolor. El ego, (yo), nexo del id con el mundo real, controla las actividades conscientes del pensamiento y del razonamiento y funciona conforme al principio de realidad. Trata de posponer el cumplimiento de los deseos del id hasta que pueda hacerlo segura y eficazmente en el mundo real. El superego (superyó) es el guardián moral o la conciencia y ayuda al individuo a funcionar en la sociedad. Compara además las acciones con el ego ideal de la perfección.

Freud llama libido a la energía generada por el instinto sexual. A medida que el lactante madura, su libido va centrándose en varias partes sensibles de su cuerpo. Ocurre una fijación si se le priva del placer o si se le permite obtener un placer excesivo de la parte del cuerpo que domina una de las cinco etapas del desarrollo -oral, anal, fálica, latencia, y genital– y un poco de la energía sexual quedará permanentemente vinculada a esa parte del cuerpo. Se da el nombre de complejo de Edipo o Electra complex al fuerte apego al progenitor del sexo opuesto y a los celos que inspira el del mismo sexo. .

Carl Jung

Carl Jung planteó que el inconsciente consta de dos componentes bien diferenciados: el inconsciente personal, que contiene los pensamientos reprimidos, las experiencias olvidadas y las ideas no desarrolladas; y el inconsciente colectivo, río subterráneo de recuerdos y patrones conductuales que fluyen hacia nosotros desde las generaciones pasadas.

A través de milenios, la mente humana ha ido adquiriendo ciertas formas del pensamiento, o arquetipos, que dan origen a las imágenes mentales o a las representaciones mitológicas. La persona, uno de los muchos arquetipos descritos por Jung, es la parte de la personalidad por la cual nos conoce la gente, una especie de máscara que nos ponemos en público. Los otros dos arquetipos importantes son el ánima (expresión de los rasgos femeninos en el varón) y el animus (expresión de los rasgos masculinos en la mujer).

Jung creía que en general mostramos una de dos actitudes frente al mundo: a los extrovertidos les interesan los otros y el mundo en general; a los introvertidos les preocupa más su mundo privado. Más tarde, Jung dividió a las personas en individuos racionales, que regulan su conducta con los pensamientos y los sentimientos, e individuos irracionales, que basan sus acciones en percepciones, tanto sensuales como intuitivas.

Alfred Adler

Según Adler, el ser humano posee motivos positivos innatos y busca la perfección personal y social. En un principio propuso que el principal moldeador de la personalidad era la compensación, intento por superar las debilidades físicas. Después modificó su teoría para subrayar la importancia de los sentimientos de inferioridad. Cuando nos quedamos con una profunda fijación en ellos a tal grado que pueden paralizarnos, se dice que sufrimos un complejo de inferioridad. Más tarde Adler concluyó que los esfuerzos por alcanzar la superioridad y la perfección, tanto en la vida personal como en la sociedad donde vivimos, son esenciales para el desarrollo de la personalidad.

Karen Horney

Para Horney, la reacción ante los peligros reales o imaginarios -que definió como ansiedad, es una fuerza motivadora más intensa que la pulsión sexual o libido. Pensaba que hay varias tendencias neuróticas o estrategias con que encaramos los problemas emocionales y que se reflejan en el tipo de personalidad: el tipo sumiso, cuya estrategia consiste en acercarse a los otros (sumisión); el tipo agresivo, cuya estrategia consiste en moverse contra otros (agresión); el tipo desapegado, cuya estrategia consiste en alejarse de los otros (desapego). Horney insistió en que la cultura, y no la autonomía, rige muchos de los rasgos de la personalidad que distinguen al hombre y a la mujer.

Erik Erikson


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Para Erikson, la calidad de la relación entre progenitor e hijo influye en el desarrollo de la personalidad, pues contribuye a determinar si el niño se siente competente e importante y si logra formarse un sentido seguro de la identidad personal. Erikson pensaba que la personalidad se desarrolla a lo largo de toda la vida. Describió ocho etapas de la vida: confianza frente a desconfianza, autonomía frente a vergüenza y duda, iniciativa frente a culpa, laboriosidad frente a inferioridad, identidad frente a confusión de roles, intimidad frente a aislamiento, generatividad frente a estancamiento e integridad frente a desesperación. El éxito en cada etapa depende de que los ajustes en las etapas precedentes hayan tenido éxito.

Evaluación de las teorías psicodinámicas

Las teorías psicodinámicas de Freud han ejercido profundo impacto sobre la forma en que nos vemos a nosotros mismos, a los demás y a las artes. No obstante, algunas han sido criticadas por estar ligadas a la cultura y por su carácter no científico, sobre todo la envidia del pene en la mujer y los complejos de Edipo y de Electra. Algunas investigaciones apoyan la existencia del inconsciente, pero no muestran un claro nexo entre los procesos inconscientes y la personalidad. Como terapia, el psicoanálisis ha resultado benéfico en algunos casos, pero su eficacia no supera a otros tratamientos.



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